7/6/14

Antonio de Orleans y los fantasmas de San telmo




Antonio de Orleans, Duque de Montpensier
No se nos olvide, aquí en el meridión también tenemos algo parecido a una monarquía. La nobleza cazurra del PSOE andaluz lleva paseando sus intrigas y ambiciones desde hace 35 años por los pasillos de los palacios andaluces restaurados para su uso y disfrute (el de la caterva política, claro…); 35 años aupados a mesas presidenciales, atriles y pedestales, 35 años voceados desde sus púlpitos en los medios de comunicación, 35 años de paz, sopa boba, democracia regia… Se puede decir que han hecho de Andalucía el geriátrico del despotismo ilustrado. La corte del SOE nos hace notar con vehemencia, que ellos son los únicos encargados de nombrar a sus herederos, y si no, que se lo pregunten a Susana Díaz.

Nuestra presidenta impuesta lleva a gala el capullo de su blasón, en la sede de su corte, el imponente Palacio de San Telmo de Sevilla. Un edificio histórico donde los haya, dieciochesco, importante centro de poder durante buena parte del siglo XIX, pues fue residencia de los duques de los Montpensier y sede de la denominada 'segunda corte española', tras la de Isabel II en del foro.


Antonio de Orleans en el país de las naranjas


Antonio de Orleans, duque de Montpensier, era un príncipe romántico de esos que gustaban vivir intensamente la ‘pobre’ vida que les había tocado. El muchacho, décimo hijo del rey Luis Felipe de Francia era puro torbellino de aventuras, ambiciones megalómanas y sueños frustrados. Así lo constatan su candidatura al trono de Ecuador, las batallas contra las cabilas argelinas, los viajes a lo largo del imperio Otomano... hasta que se casó con María Luisa Fernanda de Borbón, hija de Fernando VII (El rey felón) y hermana de la que sería reina de España, Isabel II. Tras el bodorrio real, la pareja fijó su residencia en Francia, y dos años después estalló la revolución de 1848. El padre perdió el trono a su padre y se proclamó la república en Francia. Por este motivo, la familia real huye del país galo a toda pastilla. A punto estuvieron de ser atrapados por las los enaltecidos republicanos que saquearon el matrimonio intentó instalarse infructuosamente en la corte madrileña, cosa que no consiguieron porque el gobierno liberal de la época les denegó la residencia por no soportar un nuevo foco de intrigas añadido a los muchos que ya había. Así que los Montpensiers tiraron de carroza para instalarse en Sevilla en 1848, donde Antonio de Orleans, como tantos ‘otros y otras’ que por aquí decretan, se hizo entender como hombre muy culto y aún más ambicioso, entre otras virtudes…

Muy pronto el duque adquirió el Palacio de San Telmo de una decadente Sevilla. Este histórico edificio fue antigua Universidad deMareantes, y nuestro protagonista lo restauró, embelleció y amplió, transformándolo en la sede de la “Segunda corte de España”. La corte chica de los Montpensiers en Sevilla, fue centro de la flor y nata sureña, promovido por uno de los tipos más ricos de Europa, mecenas de las artes e impulsor de la restauración de monumentos. Cuidaba su pecunio al punto de controlar la explotación de los naranjales de San Telmo hasta la última pepita, -de hecho era conocido en la ciudad como el Rey naranjero-. Conocedor de las claves del poder rancio en la ciudad, se introdujo en las cofradías a piñón, puso de moda el Rocío y el veraneo en el mar, en Sanlúcar deBarrameda para ser más exactos, lugar que puso de moda adaptándolo al Donosti style más descarado.

 Pronto los Montpensier se convirtieron en potentados terratenientes y, como ya apuntamos antes, en el centro de la sociedad noble y burguesa de Sevilla. Pero lo que de verdad seducía al muchacho era el poder. Su sueño era portar la corona allá donde se la pusieran y era en España, con mucha diferencia, donde mayores posibilidades contaba para rematarla.
Prim y Serrano subastan la corona


Intriga, duelo y magnicidio


Para ello estuvo conspirando sin pausa con liberales, militares, monárquicos y republicanos, a los que llegó a financiar buena parte de la revolución, que trajo de la mano del del General Prim, la I República de 1868: La Gloriosa.  Antonio de Orleans terminó derrocando a su cuñada la reina Isabel II y hubiera conseguido la corona, constitucional o parlamentaria en este caso, que se propuso, si no fuera porque el muy ‘romántico’ mató de un certero segundo disparo en la frente a su primo Enrique de Borbón, duque de Sevilla y ex infante, por un duelo de honor en Leganés. Es por esto que en 1870, se votó en las Cortes qué monarca regiría en España y nuestro hombre no obtuvo los suficientes votos (27) frente a los 191 del ganador, Amadeo I de Saboya.

Tras ascender Amadeo I al trono español, Antonio de Orleans (que a su vez ostentaba el cargo de Capitán General) se negó a hacer el juramento de adhesión al rey Amadeo I, Como consecuencia de ello, fue desterrado a una fortaleza militar en Menorca, se le degradó, y se le expulsó del ejército. Pero el hombre no podía estarse quieto, y volvió a lo suyo, lo que mejor hacía, la intriga y la conspiración: Parece probada su participación intelectual y financiera también, en el asesinato del general Prim; sí, el mismo personaje al que poco años antes aupó al poder a través de La Gloriosa. Los Montpensier se vieron obligados a salir de naja una vez más. En esta ocasión, se exiliaron a tierras de su madre patria, la France, durante unos cuantos años. 

Una vez derrocada la I República y afianzada la Restauración en 1874 con Alfonso XII, los señores duques vuelven a San Telmo, dónde parece que Antonio se nos relaja una mijita en su caza desesperada de la corona borbónica. Aún así, el gobierno español y debido a su prestigio internacional, siempre volvía a contar con él. Así por ejemplo, representó al estado español en la coronación del zar Alejandro II (ahí es nada…), entre otros muchos saraos y embajadas internacionales. Además, no nos olvidemos que la archicantada María de las Mercedes fue su hija y como de todos es sabido, se casó con el rey Alfonso, creo que su primo (como suelen acostumbrar los Borbones). La niña duró medio cola-cao en lo alto del trono, pues la tuberculosis se la llevó bien pronto al panteón real del Escorial.

Antonio de Orleans se vino abajo cual República española, se dedicó a vivir el tiempo que le quedaba junto a la mojigata de su esposa, en sus palacios junto al mar o al Guadalquivir, para morir en su amada Sanlúcar de Barrameda en 1890. Fue este, a mi humilde entender, el personaje más interesante, trabajador y peligroso que ha pasado por el palacio de San Telmo. 

Atendiendo a la figura apasionante, controvertida y  romántico-liberal de Antonio de Orleans, resulta ininteligible como 'los/as político/as' actuales pasean por la sala del trono de San Telmo, sin más méritos que su pertenencia al partido. Nula preparación, ausencia de empatías o de pasión por la gestión de la cosa pública; tan sólo al trono, este trono de 2ª república bananera, a su vez menospreciado por quiénes lo ostentan, vieja guardia de socialistas andaluces con su particular casa real paralela y palacio propio, tan ¿ilustre? tan déspota.

27/5/14

Los peces del rey gitano


A mi amigo Ramón, le gusta contarme historias cerveza en mano, con una pastilla de metadona en la boca, y un macuto que lo acompaña a todas partes en su vida sin techo. Mientras arrampla con los caracoles del plato, farfulla luminosas historias de él y su tío, con el entrañable Rafael el Poeta, un trío superviviente y calavera dónde los hubo:

- Ahora mismo tengo toa la cara de una fregona, pero cuando era chavalito me tenías que ver. Me juntaba con mi tío Vicente y Rafael el Poeta y nos llevábamos a la guiris de calle. Vaya tres tíos guapos que fuimos, hostia:

Primavera de 1983. Es otra Sevilla. Ramón se levanta bien entrada la mañana en su cuartucho de la corrala de la Barqueta. Con legañas de a kilo, va flechado a escudriñar frigo y despensa, sin piedad. Tristes y caninas, aún esconden medio tomate y un currusco de pan. En la puerta suenan los nudillos del gran tío Vicente: - ¡Niño ponte el traje que nos vamos a por unas guiris al Alcázar!

Los tres gitanos bajan por calle Placentines como tres pinceles. Cada cual con traje de gala, americanas cruzaditas en tonos champán, ramita de romero en el ojal sus zapatos lustrosos. El tío Vicente y Ramón con sus guitarras en su funda de cuero, y el poeta con un bollo de pan en el bolsillo. En el alcázar entran gratis, como todo indígena, para enfilar a dónde andaban todas las guiris, el estanque Real, el estanque las carpas, junto al pasaje de Los Grutescos. Ya, allí apostados,  despedazan un bollo de pan, que arrojan al agua clara de la alberca. Al momento, comprueban admirados cómo albures, carpas enormes e incluso descomunales lucios emergen del fondo espoleados por su instinto carroñero.
- ¡Mira, quillo, tos los bichos locos con el bollo! –

En ese momento, el poeta aprovecha para soltar al agua un tiradillo que lleva de estraperlo. Ramón desenfunda la flamenca, la toca a los guiris que por allí se prendan. El apuesto y simpático flamenco, el bullir nervioso de los peces del rey, el idílico entorno de los jardines... Ramón ronea a la rubiácea de turno, su tío se le suma guitarra en ristre. Distraen las maniobras de pescador artesano, que el poeta practica en la inmediata retaguardia de la alberca.

-  En aquellos tiempos no había cámaras pon ningún lao, y claro, todavía podías quitarle algún pez al rey. Eso sí, cada pez podía pesar 3 y 4 kilos ¿tú sabes los bicharracos que llegó a pescar mi tío?

El poeta ha enganchado un lucio de unos 7 kilos. A duras penas y entre chapoteos superlativos se lo lleva detrás de un real seto para darle matarile. Ramón y el tío Vicente andan recibiendo monedas por su cantinelas y ya han quedado con un grupo de niñas sin hablar ni patata de su idioma. El guarda del Alcázar pasea lentamente, frente al estanque con careto de ‘ya os pillaré’. El poeta, agazapado como un comanche, tira de navaja para dividir en tres trozos el lucio que les ha tocado en gracia.

- En esa época íbamos cada dos por tres pa el Alcázar y siempre pillábamos cacho: nuestras guiris, unas buenas pesetas y un pescao ¡y vaya pescaos! Así está la mamona del rey y su familia de bien criaos…

Tío Vicente y Ramón enfundan sus guitarras, a la par que van contando las pesetas ganadas tras la dura jornada. El poeta hace su aparición por una esquina del estanque Real. Lleva tres bolsas de distintos tamaños y colores: - Escuchadme, si os preguntan los guardas al salir de aquí, les decís que son bocadillos que os han regalao los guiris.

Los tres príncipes gitanos salen por la puerta de caballerizas, con sus guitarras, sus monedas, sus bolsas de ‘bocadillos’ y su sonrisa, mientras miran las preciosidades del norte que les esperan en el Patio de Banderas. – Niño, a ver dónde carajo dejamos ahora el pescao pa que no se ponga malo.

- Al final nos pillaron bien. Pusieron cámaras y nos cogieron con el aparejo y demás, nos metió la policía pa dentro y nos dieron unas pocas de guantás. Nos quisieron enmarronar  bien. Llamaron a la Casa Real y contaron lo que habíamos hecho, y les contestaron que nos dejaran en paz, que no estaban los tiempos pa buscarse mala prensa con nosotros – tú sabes, era la época de la Transición…- Así que nos pusieron una multa de 50.000 pesetas  y nos soltaron gracias al rey. La multa la pagó su puta madre, porque éramos tos insolventes, pero al Alcázar no pudimos volver a entrar en la vida. El rey nos cerró las puertas de su casa pa siempre. Quillo, canijo ¿tienes pa otra cerveza?

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21/5/14

Oráculo

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 ¡Todo es posible si usted se lo propone!
Tras las elecciones europeas, una vez más vencido, cautivo y desarmado el pueblo español, Bruguera avanza en el Supermortadelo Oficial del Estado, las 5 nuevas medidas del gobierno para sacaros de la crisis:

1- Que todo ciudadano o mujer se las componga para sustituir cada monedero español por una “ingenio de hacer billetes”.
2- Obligar a que cada caballerete o niña en su defecto, españoles ambos inclusive, no dejen ni una patatita en el plato.
3- Cuidar que no falte una ramita de perejil (¡español!) a cada San Pancracio del chino.
4- Ante las supuestas estrecheces, se perforará todo cinturón español hasta llegar a la misma hebilla o, directamente, se sustituirá por un cilicio bendecido por San Emilio de Botinelli.
5- Que cada español/ola (k ase) ponga otra pesetita. Cada día. En mi bote.

* Todo esto no sería posible sin una apuesta decidida por el mecenazgo de la caverna mediática y un refortalecimiento de la vista gorda hacia la corruptela consuetudinaria.

Y vio el gobierno que esto era muy bueno para él y los suyos (que no sois vosotros). Así que lo aprobó para el populacho (esos sí que los sois) y los restos del naufragio de nuestra marca invencible: España. Arriba y Arsa.

El Gobierno